Autoconocimiento









¿Realmente sabemos quién somos?

Vivimos inmersos en lo cotidiano que la sociedad ha establecido, sin pararnos a reflexionar quien somos, ni como nos gustaría que fuera nuestra vida, intuimos que podría ser todo diferente, pero pensamos que ese cambio no puede empezar por nosotros, de que no está en nuestra mano el poder buscar otra forma de vivir, aunque no dejemos de vivir dentro de este mundo donde todo nos rodea y nos incita a que actuemos de esta o aquella forma.

Descubrir quien somos es esencial para que podamos evolucionar, solo conociéndonos a nosotros mismos podremos saber y luego aceptar nuestros puntos débiles y a partir de ahí poder ir cambiándolos. siempre tenemos la idea de que somos como deberíamos ser, quizás porque nos cuesta mucho ver nuestros defectos, y si los vemos los ignoramos porque nos cuesta mucho asumir que no somos tan "buenos".

 Pero si tuviéramos la capacidad de enfrentarnos a eses puntos de nuestra personalidad que al fin y al cabo es lo que nos dificulta nuestra vida, entenderlos simplemente como puntos débiles que hay que reforzar, todo seria distinto.

Vivimos como si fuéramos sólo un ser físico, rutinario, pero en realidad nos olvidamos de que también  somos espíritu y el espíritu hay que cultivarlo, desarrollarlo  desde la consciencia de quien somos y como somos, para poder evolucionar como Ser. 
No tenemos la costumbre de mirar hacia nuestro interior para buscar nuestras propias formas de actuar, desde nuestro sentir más profundo y que a partir de ello, nuestra vida y nuestro entorno puedan cambiar también.

Sólo nos regimos por lo que hemos aprendido, actuamos desde nuestras memorias, que en su momento nos fueran impuestas en consecuencia de las vivencias de nuestros padres, familiares, profesores e incluso desde otras vivencias que ya ni recordamos pero que están impresas en nuestras almas etc.
No actuamos desde nuestra esencia, que en definitiva es el amor y por ello nos olvidamos que lo que no damos tampoco recibiremos.
Nuestro comportamiento es sólo un hábito, o simplemente nos dejamos llevar por lo que pensamos que somos.

De la calidad de nuestros pensamientos depende la calidad de nuestra vida, no sólo porque nos sentimos mejor cuando tenemos pensamientos amorosos y positivos, sino que, los pensamientos son los ladrillos que construyen nuestra realidad.
Nuestros pensamientos crean las experiencias que vivimos.

Nuestro subconsciente está compuesto de pensamientos y creencias que a menudo distorsionan la forma de percibir (y por lo tanto crear) nuestra realidad.
Cada pensamiento que tenemos tiene su correspondencia a nivel emocional, físico y químico.
Así que, todo lo que vivo lo he creado yo a través de lo pienso.


¿Somos conscientes de cómo influyen nuestras emociones en lo que vivimos?

Nuestra mente es el motor de cómo percibimos, sentimos, hablamos, actuamos etc.
Si no somos conscientes del desequilibrio que hay en las emociones que sentimos, jamás podremos identificar la causa real de los conflictos internos que tenemos y también de los que vivimos en nuestras relaciones.
La inconsciencia de estas causas es el origen del sufrimiento que vive el ser humano.

Lo que causa el sufrimiento:

El ego:
(Egoísmo) da como resultado el desequilibrio de las emociones y te lleva a identificarte con un falso yo, te identifica con cosas exteriores (físico, posición social, religión etc) creando apego y disfunción.
El ego es la fuente de todo el sufrimiento, precisamente por estar desequilibrado.
Te hace pensar y vivir como el centro de todo y cuando no es así causa sufrimiento.
El dolor o sufrimiento emocional es el resultado de la manipulación del pensamiento y de las emociones por el ego.
Es un cumulo de energías negativas que tiene vida propia, en cualquier situación se activa, generalmente es más propicio en las relaciones más cercanas.


Este dolor se va acumulando a lo largo de la vida si no eres consciente de ello, para ir superándolo hay que ser consciente de él y observarlo para que deje de alimentarse.


El miedo:
El miedo es la emoción que impulsa a que sufras por cosas no reales, como pueden ser las creaciones mentales, o por las memorias de lo vivido. 

El miedo controla la mente, y si no eres consciente, te bloquea al punto de que pienses que realmente corres un riesgo que la mayoría de veces no es real.
El miedo es la emoción que está detrás de la mayoría de emociones desequilibradas., 

Eje: 
El egoísmo: miedo a no tener suficiente
La envidia: miedo a no tener lo que el otro tiene
La vanidad: miedo a no ser admirado y considerado
La ira: miedo a no poder controlar como yo quiero
La rabia: miedo a que no se haga lo que yo pienso
El orgullo: miedo a no ser reconocido

El apego:
Me agarro a todo lo que creo me hace falta y que necesito, para tener seguridad, el apego no solo es la dependencia de otro, el apego siempre es la dependencia de un sentimiento que nos de la sensación de seguridad.

El control:
El control es el dominio y la manipulación de todo cuanto vivo, aun cuando no sea un asunto mío. Es la implicación desequilibrada del yo en todo cuanto vivo.
Me hace estar constantemente alerta de los movimientos externos para que yo los pueda modificar a mi antojo y cuando no es así me hace sentir mal.

La no aceptación:
Te hace intolerante hacia lo que piensan y viven los demás, porque las creencias que tienes determinan la realidad que vives.
La incomprensión hacia los demás me hace intolerante, porque va en contra de mis deseos y mi manera de pensar y vivir.
Entonces determino que la culpa de lo que sufro es de los demás, de Dios, de la vida etc.
Siempre busco al culpable de lo que me pasa, en mi exterior.

La resignación:
Es la falsa aceptación, es cuando haces algo porque otro te lo dice, pero dentro de ti no has comprendido ni aceptado.
Es un acto de sumisión, de ceder para no causar trastornos y para evitar discusiones o peleas, pero te hace sentir mal contigo mismo y a crear rebeldia que tarde o temprano explotara de manera descontrolada.

No vivir en el ahora:
El pasado: el ser humano siempre tiende a centrar su vida en lo que ya no es su presente, porque guarda sus recuerdos siempre como algo negativo, siempre son motivos de dolor, si son buenos porque ya no los vive y si son malos los recuerda como un motivo de dolor y trauma.

El futuro: siempre es motivo de preocupación porque piensa que en él está la solución a todo cuanto ahora no tiene, o por otro lado lo teme por ser algo imprevisto y no domina.
Muchos confunden el vivir en el ahora con el tener que desprenderse del desear algo, el deseo siempre será el impulso que te haga avanzar evolutivamente, es el impulso natural de la búsqueda tan necesaria para poder culminar nuestro avance evolutivo como ser.
El deseo siempre, como cualquier otra emoción tendrá que ser equilibrado, razonado, para que no nos haga sentir ansiedad por no conseguir lo deseado, para no crearnos preocupación por no poder alcanzar lo que nos proponemos. El deseo debe ser esperanza y fe.

No tener fe:
Realmente el que no se tenga fe es lo mismo que no tener confianza en lo que uno es capaz de realizar. 

La fe es lo que nos impulsa a tener voluntad por creer que somos una parte divina y que por lo cual debemos tener la convicción de que todo está por algo y para algo. Es lo que nos permite poder aprender y evolucionar. El no tener fe es fuente de sufrimiento, porque en determinadas situaciones te lleva a sentir como un barco a la deriva.

El cambio depende:
De lo predispuesto que este cada uno a que suceda ese cambio.

De lo abierto que se esté para actuar desde el interior, buscando la transformación desde el amor, la voluntad y la fe.
Nada es fácil, solo hay que tener constancia y actuar siempre desde dentro hacia fuera. Para ello hay que:

Tomar consciencia: la toma de consciencia es llegar a comprender que algo en mi vida me causa  conflicto y que hay que buscar el porqué de esos conflictos.
Auto observación: al ser consciente de yo soy quien tengo que transformar cosas para que no viva en sufrimiento, me observo como si de otra persona se tratara, pero no juzgándome, solo tomo consciencia de cómo actúo, para llegar a comprender que cosas tengo que transformar y como las puedo transformar.
Identificación: Al identificar la percepción de la realidad aprendes a identificar los cambios en tu interior, puedes percibir qué tipo de energía estás emitiendo y cómo puede influir y afectar a otros lo que emites y poder identificar la energía que emiten los demás.
Transformación: es el trabajo constante desde el amor, la comprensión y la aceptación, para llegar a comprender e integrar lo aprendido.
Cuando iniciamos el proceso de la transformación interior es debido a que se asume totalmente la responsabilidad de “mi bagaje” y por lo tanto tomo las riendas e inicio el proceso de trabajo de cambio de las partes que me generan conflicto interno.

 En este proceso deberíamos trabajar la empatía como medio para poder comprender más de cerca los sentimientos que implican las acciones ajenas como si fueran nuestras.

Recuerda... se es libre cuando... 

Llegas a saber quién eres, no sólo por tu apariencia física, si no, en el conjunto de tu Ser.

Das amor sin preocuparte a quien se lo das.

Te enfrentas a todos tus miedos con el mismo valor, porque sabes, que no hacerlo es lo que te impide evolucionar.

No necesitas nada porque ya lo tienes todo.

Tu verdad no es motivo de necesidad de imponerla a nadie.

Ser humilde no es un esfuerzo porque vives en gratitud.

Las palabras, actos o pensamientos ajenos ya no te hieren, por comprender que fundamentalmente el miedo y la ignorancia son lo que impulsa a la violencia.

No tienes la necesidad de juzgar o criticar los hechos y palabras de los demás.

Ya no tienes que perdonar ni que te perdonen, pues el ego es el único que se siente herido.

Sabes reírte de tus propias torpezas.

No sientes soledad aun estando sólo.

Ya no exiges que nadie sea como a ti te gustaría que fuera.

Tu autoestima no necesita elogios.

No tienes que culpar a nadie, por lo que te pase a ti.

Eres consciente de que eres tú el que comanda tu mente y no al revés.

El pasado ya no es motivo de dolor ni el futuro de preocupación.

Ya no te descontrolas en las situaciones que antes te alteraban.

No sientes rencor, odio, rabia o cualquier otro sentimiento de desamor hacia quien sea.

Sí ya no piensas que tienes que dar consejos a nadie.

Tener siempre la razón no es primordial.

Tus acciones y palabras nunca son para oír la aprobación de los demás.

Reconoces que la evolución es cambio y no te encierras en tus ideas.

Sabes que tu libertad está dentro de ti y nunca en nada ni en nadie que no seas tú mismo. 

Lilith